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jueves, 23 de diciembre de 2010

Bella

Todos la miraban, algunos como queriendo sacarle sus posibles secretos usando sus córneas como receptores.

Otros pasaban frente a ella ignorándola completamente, tal vez inmersos en sus propios pensamientos.

Una pareja a sus espaldas daban rienda suelta a su amor, un vendedor de rosas la esquivó e intentó sin éxito romper el hechizo amoroso.

Frente a ella un dibujante retrataba su belleza, algo preocupado por la tormenta que se avecinaba.

El viento acarició su cuerpo, inmediatamente una gota resbaló por su mejilla.

Todos empezaron a retirarse, aquellos que la miraban, la joven pareja, el vendedor de rosas.

El dibujante, resignado, suspendió su trabajo.

Ella quedó completamente sola, inmóvil bajo la lluvia…

…como una estatua.

jueves, 6 de marzo de 2008

Tu y yo, tuyo.

Tu sonrisa es una cascada
que me lleva hacia la calma
de besos transparentes
de relojes ausentes

No se ve la aurora…
Con sus ojos puestos
en dos que son uno
el amor no mira la hora

De pronto parece un sueño
-No, mi vida, no quiero despertar
me pellizcas
-No, mi vida, no quiero dormir

Nuestros corazones insomnes
ya no necesitan razones
la tristeza se fue a pasear
nosotros aprendimos a amar

domingo, 10 de febrero de 2008

Lunes o martes?

Mientras veía al día nacer desde el balcón un brazo alrededor de su cintura le recordó que no estaba solo, habían sido mas de 12 horas de pura sinceridad, muchos besos y el abrazo mutuo hasta dormirse en el sillón del living.

Mirarla a los ojos fue como despertarse a la mañana siguiente del último día de clases, y así agarrados de la mano no hacia falta nada mas, ni música ni televisión, solo el silencio interrumpido por suspiros y besos.

Jamas dos personas tardaron tanto en hacer café, y repasando álbumes fotográficos se fue pasando la mañana, en un parpadeo estaban almorzando y debatiendo sobre el idioma de los perros, mientras ella lavaba él enjuagaba y secaba, juntos esperaron a que se cumplieran las 24 horas mágicas.

Con un largo beso se dijeron hasta luego, sabían que no estaba nada escrito, pero ellos ya habían completado el primer capítulo.

sábado, 26 de enero de 2008

Fue una tarde...

Fue una tarde de octubre, había ido con unos amigos de mis padres a un concierto coral, eran de la partida otro matrimonio con su hija. La presentación del coro estuvo muy bien, se trataba de un gran coro universitario, y aunque las condiciones acústicas del lugar no ayudaban fue un momento musical interesante, entretenido y relajante.

Cuando salimos de aquel oscuro recinto pude verla, era perfecta, en sus ojos se sintetizaba toda la belleza del mundo, sus largos cabellos parecían nadar en el viento y hasta el hombre más ruin y violento se habría transformado en un tierno gatito al ser hipnotizado por esa sonrisa.

Un “Hola, soy Lucila” me arrancó de mi letargo, fue el puntapié de una larguísima conversación de miradas y palabras, fueron como 2 horas, 10 metros. Mientras entrabamos al restorán yo estaba tan concentrado que casi me ataca una columna y hasta una silla intentó hacerme una zancadilla.

Ya sentados cada palabra quedaba flotando en el aire, y fueron tantas que la gravedad hizo que descansaran en el mantel, y al bajar la mirada nuestras manos estaban unidas, los amigos de mis padres y sus padres ya habían dejado de existir.

Hablamos de películas, libros, música y tantas cosas más, me preguntó mi edad, yo la suya, solo nos deteníamos para evitar que la comida se congelara aun más. Fuimos caminando lentamente, resistiéndonos a llegar al auto, nos conocíamos desde hace solo unas horas y nos miramos con antigua nostalgia, no nos animamos a pedirnos los teléfonos, cada uno desapareció de la vida del otro al instante que rugió el motor.

Mi mente de 23 años iba contando las luces de la avenida de a pares, 2, 4, 6, 8, 10, 12 y Lucila, que tenía 14.

martes, 27 de noviembre de 2007

Visión

Sostenías un paraguas
y me extravié en tus ojos
habrá sido un segundo
o bellos y largos minutos.

Y extraviado aún
esa ochava se grabó
en una esquina de mi corazón.

Sostenías un paraguas
pero no recuerdo si llovía.

domingo, 4 de noviembre de 2007

De corazón

Tus lágrimas caen como hojas en otoño
Y no está bien perderse entre las sombras
Habiendo tanto sol en los jardines de tu alma

Tu pena entristece mi rima y mi voz se opaca
Yo se lo que es tenerle miedo a las palabras
Pero el silencio, aunque discreto, hace daño

Yo te entiendo
Lo viví
Sufrí
Sobreviví

Hermano mío, preferible es
Arrepentirse de haber dicho algo
Que sufrir por haber callado

No seas rehén de la tristeza
No seas cómplice del manipuleo

La alegría camina a tu lado
La alegría hoy mide un metro
Y a veces pide upa

Es tu hijo, dejate inundar por sus risas
Apenas harías pie de tanto amor que te da

Creeme hermano, de corazón te lo digo
Cerrale la puerta a la duda y al tormento
El verdadero amor se esconde en la calma

miércoles, 10 de octubre de 2007

Algunos años atrás...

Miguel Prandelli no era precisamente el mas alegre de nuestros compañeros, tampoco era un malhumorado, tal vez algo irritable, pero convengamos que si algo podría haber identificado a nuestro curso eso era nuestra irritabilidad grupal.

Teníamos nuestras razones, debido a algunos hechos aislados cada vez que pasaba algo en el colegio, desde un foquito quemado hasta la rotura de un ventanal, nuestro curso era la primera escala para los interrogatorios de rigor.

Pero volvamos a Prandelli, le decíamos El Flaco Prandelli o simplemente Flaco, un idiota que por ser dos años mayor se creía un vivo una vez lo llamó Flandelli, el Flaco le interrumpió la carcajada con un certero golpe en la boca del estómago.

El tema es que Prande, como yo le decía, al ver que siempre eramos los principales sospechosos de todo lo que sucediera en el colegio decidió que era una injusticia, le indignaba que siempre nos acusaran de cosas que no habíamos hecho.

Por eso Prande, Vázquez, Hermida y yo tomamos cartas en el asunto, empezamos tímidamente cambiando los marcadores de pizarra por otros indelebles, publicamos el teléfono del colegio en el rubro 59, reemplazamos el cartelito de la puerta del rector por el que estaba en el baño, cambiamos el cassette con el himno por uno de Pescado Rabioso, pusimos sillitas de la sección primaria en el salón de profesores y le llenamos de detergente todas las pipas del vicerector entre otras cosas, como por ejemplo la misteriosa desaparición de papel higiénico y jabón de los baños de profesores.

Jamas nos reímos tanto, fue una época divertida, sin embargo el Flaco no reía, claro que con sus comentarios sarcásticos lograba que termináramos todos a carcajada limpia en el piso, no muy limpio que digamos, pero él, ni ja.

El 9 de octubre de 1992 mientras se hacía una feria en el colegio por el día de la razia (sí, razia) y sintiéndome rodeado de tontos que repetían el cassette mental de "Cristóbal Colón sostenía que la Tierra era redonda y no plana" me dirigí al jardín, y ahí contra un árbol me lo encontré al Flaco luchando con un paquete de galletitas, abruptamente el paquete se abrió y una galletita saltó hacia la libertad, rodó y tal vez por cansancio se echó a dormir a mis pies, la levanté y me acerqué al Flaco.

—Che Prande, se te cayó una sonrisa.

Y el Flaco se rió.

martes, 4 de septiembre de 2007

Ser hombre no equivale a ser un insensible.

Una chica me dijo una vez que los hombres no se enamoran, y sentí una gran pena, porque comprendí que nunca la habían amado, es bueno que las mujeres comprendan que todavía hay un grupo de hombres capaces de enamorarse, llorar y de esperar el regreso de un ser amado.

Sí, los hombres nos enamoramos, el hecho de que aveces tengamos una incapacidad absoluta para demostrarlo fehacientemente no quiere decir que en nuestra cabeza no estemos tratando de escribir el poema perfecto, pero cuando entramos en ese estado de hermoso vértigo las palabras se dan a la fuga y nuestra mente es una infinita sopa de letras.

Sí, los hombres lloramos, y antes que digan nada, no, no es porque tengamos una basurita en el ojo, uno llora cuando un familiar ya no está, o al enterarse del sufrimiento de algún amigo, y claro, cuando nos rompen el corazón, cuando ésto último ocurre nuestros ojos se vuelven un constante rebalsar de lágrimas y ya no somos capaces ni de ver una película melosa, el intelecto sabe que los "te amo" son actuados, que los besos son una cláusula del libreto, pero nuestro cerebro se tomó vacaciones y terminamos llorando hasta por una baldosa rota.

Sí, los hombres esperamos el regreso de un ser amado, y durante una época quien escribe éstas líneas deseó estar exceptuado de ésta afirmación, pero no hay nada de malo con esperar ese regreso, lo malo es quedarse esperando a quien no lo merece, ese es solo un honor para aquellas de corazón sincero.

lunes, 27 de agosto de 2007

La inspiración.

Primero vi la sombra en el piso del patio, y yo, curioso, levanté la mirada y descubrí a la inspiración haciendo equilibro en la medianera, como pudo se agarró de un cable y se dejó caer, casi me rompe una maceta la degenerada.

Una vez que logró sacar la pata de la tierra de la maceta y la apoyó en tierra firme, se presentó.

–Soy tu inspiración. –dijo–.

–Me di cuenta –le retruqué– pero llegás en un mal momento, no estoy preparado.

–¿Cómo te diste cuenta que soy tu inspiración? –preguntó curiosa– ¿Acaso tengo un cartelito que dice “inspiración” colgado del cuello?

–Efectivamente...

Impunemente comenzó a dictarme un texto, desesperado busqué un papel y alguna birome o cuanto menos un lápiz.

Me encontré frente a la mesa blanca del patio con un pedazo de carbón en la mano, pero consideré que no le iba a hacer mucha gracia a mis viejos encontrarse con toda la mesa escrita.

Vi por el rabillo del ojo que mi vieja venía con el mantel escoltada por mi viejo que traía la carne. Agarré a la inspiración por el cogote y la escondí atrás de un helecho, pero la desgraciada no se callaba, volví a agarrarla del cogote y entré a la carrera al living, no sin antes cabecear una maceta de barro que colgaba plácidamente.

En la cocina solo encontré un lápiz sin punta, mi vieja desde el patio me pedía que lleve unos cubiertos, solté todo y le di el gusto. Para cuando volví a la cocina el texto ya se encontraba demasiado avanzado, ¿por qué demonios no tendrá la inspiración un botón de rebobinar?

Hallé un sacapunta y con el apuro no me di cuenta que estaba sacándole punta a un carbón, mi viejo me pidió que le alcanzara el sacacorchos, cumplí con mi deber de buen hijo, por fin encontré un anotador, agarré el lápiz y me sentí un imbécil al notar que estaba intentando sacarle punta con un destapacorchos. Volví al patio e intercambié elementos con mi padre escudándome en que le quería hacer un chiste.

Volví a la soledad de la cocina, soledad que se vio interrumpida cuando mi viejo vino a intercambiar el anotador por la bolsa de carbón, no sin antes pedirme que la corte con mis chistecitos. Cuando se retiró mi padre saqué a la inspiración que estaba debajo de la mesa, saqué punta al lápiz, busqué la primer hoja vacía del anotador y le imploré que repitiera el relato.


Bueno... pero el asado estuvo riquísimo...

sábado, 4 de agosto de 2007

Indeleble

Y uno se pregunta si es necesario recordarlo todo, risas, lágrimas, las vivencias se amontonan y la memoria lamentablemente es como un departamento de 1 ambiente herméticamente cerrado. Que placer si pudiéramos abrir la puerta e invitar a la tristeza a irse y ofrecerle a la alegría nuestro mejor sillón.

Pero la tristeza es vil y cada vez que la alegría se descuida le roba su lugar en el sillón y apoya los pies sobre la mesita ratona, esa con forma de corazón.

Claro que tratamos de seguir con nuestras vidas, pero ella siempre está al acecho y lamentablemente su hermana buena es demasiado buena y no sabe imponerse, y todo intento de espantar a la tristeza es en vano, cuando le preguntamos si nos va a dejar vivir en paz nos pregunta ella a su vez si sabemos de dónde colgaba caperucita roja la canastita.

¿De donde?

Luego nos arrepentimos de haberle preguntado...

Nadie la invitó a meterse en nuestras vidas y sin embargo ahí está, cada vez que somos ignorados, menospreciados o humillados ella va cobrando mas y mas fuerza, y cuando el corazón se rompe ella junta los pedazos y los esconde. Viene la amistad con su linternita para ver si logra encontrar ese corazón, pero está muy obscuro y solo logra recuperar algún que otro pedacito.

El amor en cambio tiene un gran farol, es el único capaz de encontrar cada pedazo y volverlo a unir, pero el amor suele estar muy ocupado fabricando nuevos corazones o reparándolos, pero a veces, a veces, viene y todo se llena de luz, enceguece a la tristeza que sale corriendo. La alegría, que estaba cansada de tener que sentarse siempre en el piso, aliviada vuelve a ocupar el cómodo sillón.

De pronto... obscuridad, un apagón, sentimos que golpean la puerta, vemos por la mirilla y adivinamos la silueta de la tristeza, no sabemos muy bien para qué golpea, si tiene un duplicado de la llave. Maldecimos por no haber cambiado la cerradura, ella entra sobradora.

La alegría se sienta en el piso, ayudándose con unas muletas, nos sentamos a su lado, la esperanza mientras tanto se pone en cuclillas y nos dice: "¿Quién sabe? Tal vez mañana vuelva la luz"

lunes, 30 de julio de 2007

La noche se hizo para descansar. ¿V o F?

La noche llega al fin, impecablemente disfrazada de tranquilidad y con esa espesa obscuridad, pero los verdaderos amantes saben que no es negra la noche y junto al aparente silencio solo son una inmensa pantalla de TV y nadie sabe donde está el control remoto.

Una y otra vez se repiten las imágenes, las frases, y uno quisiera no ser el actor principal de la película, ser un extra o un actor secundario es más fácil, no tenés la presión del protagónico, y en la vida casi nunca hay un “Toma 2” las escenas salen como salen, bien o mal, y “corte, se graba”. ¡Qué bárbaro, -me dirán- por lo menos reconocés que también se graba lo bueno!

Lamentablemente la noche es como un programa de chimentos, y no hace más que repetir las escenas que salieron mal.

La otra noche pasaron la parte en la que la muchacha se olvida de mí en menos de tres días. ¡TRES DIAS! Mientras me invade un instinto asesino hacia el guionista de ese capitulo, toma la palabra el conductor del programa de chimentos:

- Bueno, dicen que Dios hizo el mundo en siete días, así que a mi parecer tres días es un montonazo de tiempo. (RISAS)

Desde ya que fue inútil todo intento de volver a filmar, es que la chica sale con el guionista, y él me comunicó a través de un memorándum que debía abandonar el set de filmación, de lo contrario “no te va a reconocer ni tu vieja”.

Y es por eso que ahora solo me dedico a hacer crucigramas; pero… ¿a qué venía todo esto? ¡Ah, sí! ¡La noche!

La noche es infame, por suerte en unas horas vuelve el día y con su luz podré finalmente encontrar el control remoto y dormir.

lunes, 23 de julio de 2007

A puro apuro.

Vivimos siempre apurados, no es que nos falte tiempo, disponemos de nuestro tiempo para que nos sea mas difícil tomarnos un tiempo, en el fondo no encanta decir “tengo que salir rajando, porque no llego” es el engaño de sentirnos activos. Desde pequeños lo hacemos, dejamos la tarea del cole para último minuto, es cierto que no la hacemos en un primer momento porque no nos gusta, pero también es cierto que disfrutamos de esa adrenalina de hacer todo a las apuradas.

Claro que dicho comportamiento tiene sus desventajas, nos colgamos tanto de la palmera que cuando nos damos cuenta de la hora terminamos salando la carne con odex, la pizzería ya cerró y el helado que pedimos hace siete años todavía no llegó.

Luego por esas cosas de la vida uno se enamora. El amor no resiste agendas, el mundo se detiene, y los medios de transporte se vuelven cómplices, uno se queda como bobo viendo a su amada, pero una mirada boba de doctorado, y entre tanto cruce de miradas, el reloj, que se pone celoso, nos lanza una mirada asesina, tenemos diez minutos para cruzar toda la ciudad, pero cuando uno está enamorado el bondi llega cuando uno llega a la esquina, pagás boleto, conseguís asiento e inmediatamente se rompe la máquina, los semáforos se tildan en el verde, y en cada parada en la que seguimos de largo la gente hace la ola, obviamente festejando tu enamorada alegría.

Pero lamentablemente no siempre el amor es eterno, y a veces tan solo hace falta una leve brisa para apagar el fuego más apasionado, en ese momento al mundo se le salta la pausa, el bondi pasa de largo cuando te faltan metros para llegar a la parada, nunca viajas sentado, y sigue subiendo gente de tal manera que deja de ser un medio de transporte y pasa a ser un completo de transporte.

Y volvemos a la vida apurada, disponemos de nuestro tiempo para que nos sea mas difícil tomarnos un tiempo, en el fondo no encanta decir “tengo que salir rajando, porque no llego” es el engaño de sentirnos vivos.

miércoles, 6 de junio de 2007

Descuido voluntario.

Lo primero que tomó fueron sus discos, luego los libros, y una montaña de partituras, faltaban muchas cosas, platos, cubiertos, alguna silla, cosas que cualquier persona sensata llevaría en primer término.

A él no le importaba todo aquello que le ayudara a lidiar con la vida externa, tuvo 2 banquitos y una silla a instancia de sus padres, si por él fuera no había problema en sentarse en el piso, dormía sobre un delgado colchón, tan delgado que sus omóplatos terminaron siendo muy buenos amigos del piso de madera.

Pero mientras tuviera su música, sus libros, todo lo demás podía esperar. No es que a él le gustara vivir rodeado de vacío, es que en ese momento sólo le interesaba poblar el vasto territorio de su alma en ruinas, y la probabilidad de lograr eso con un juego de living eran prácticamente nulas.

De a poco fue trayendo mas cosas, la guitarra, la computadora, algunos adornos, fotos familiares; sus padres le dieron dos cajas repletas de elementos de cocina y diez cajas llenas de sabiduría.

Veía su cuarto, que parecía irse derritiendo a medida que sacaba más y más cosas, hasta que finalmente solo quedó un simple charco, y allí vio flotando el recuerdo de sus viejos amores, fue en vano esperar que se evaporara bajo el tibio sol del olvido, decidió que era mejor dejarlo allí, su corazón no tenía la fuerza necesaria para cargar tanto equipaje.

viernes, 1 de junio de 2007

Un instante

Javier miraba por la ventana, hipnotizado observando como los arboles jugaban a la mancha, el café cada vez más frío era un vago recuerdo para sus labios. Esos mismos labios que supieron jugar a la mancha con otros labios, ahora ausentes.

Recordó a Gabriela, aquella que logró que su corazón palpitara por primera vez, las largas charlas y la sensación de conocerse de toda la vida, como cuando uno vuelve a casa, las risas aun resonando en su cabeza, y aun sabiendo que los caminos finalmente se bifurcaron él sabe que al encontrarse con ella, las risas, las charlas y la complicidad no piden permiso.

Recordó a Mariana, tal vez su relación mas intensa y conflictiva, siempre le quedará la duda de lo que pudo haber pasado si la historia hubiera continuado, era una de esas relaciones en las que había poco que decir, pura química, pero la química nunca es suficiente, siempre falta ese factor desconocido que no se compra en cualquier kiosco, y todo terminó abruptamente, señor, son las 12, tenemos que cerrar, retírese.

Su última relación, Romina, no merece mayores comentarios, tal vez unos puntos suspensivos sean lo que mejor describe esa época de su vida.

Volvió a mirar por la ventana, viendo como el sol agachaba la cabeza, tal vez por la vergüenza que sentía al tener que retirarse él también.

Entonces Javier lanzó una maldición, odiaba que le pasaran estas cosas, justo a él, extrañaba ese calor, el calor en los labios, y por fin tomó una decisión, lo puso en el microondas y lo calentó 2 minutos.